Bien metido en años y una mano caída como en coma,
y nos miramos con urgencia, los ojos indagadores,
y escribíamos en las páginas nuestras mentiras,
un tiempo donde no llega nunca la lluvia,
después, resbalábamos en la cocina como cuchillos oxidados,
agregados a las colas de general de las películas,
presos de los molinos, las callejas, las cestas de mimbre de los autobuses,
las rotondas oscuras que nacían de las propias dudas....
Te conocí de frente, dando la cara, con tus versos de verano,
valiente como una metáfora, firme como una esdrújula,
enseguida supe que los zapatos de cristal eran de tu número,
y convoqué a la aurora, con su carroza de fuego,
a los duendes con sus bosques embrujados,
a los príncipes albinos y a los batracios ventrílocuos,
convoqué a las varitas mágicas de vidrio,
a las estrellas de cinco puntas de los universos,
a los relojes de arena de los pasillos de la muerte,
los convoqué a las doce en punto,
los convoqué en palacios inventados, en lugares improvisados, inaccesibles,
sin fosos, puentes levadizos, puentes de las constituciones,
y charlamos del humor y del viento de las especies,
de la nieve y la niebla del resto de los hombres,
hablamos de los espejos sucios y los toboganes de espuma,
del silencio particular de los sentidos que perdimos,
todos coincidíamos en la misma página,
hablamos y no llegamos casi nunca a nada,
como era de esperar, todos éramos poetas,
llevábamos en las manos desde siempre,
soles acostumbrados a ninguna primavera.
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Sí, llegaste, bienvenido Manuel, te estaba esperando... ME ENCANTA TU BLOG. Gaudí, un código que estremece. Te quiero mucho. Gracias por esta poesía tan especial.
ResponderEliminarDiana.
Querés que te diga Blanco? me re contra encantó este poema y esto "llevábamos en las manos desde siempre, soles acostumbrados a ninguna primavera" esto es magistral.
ResponderEliminarSos un maestro!
Me alegra leerte de nuevo.
Un beso con el cariño de siempre.
Roxana.